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La música de fondo en los comercios: Una experiencia personal y lecciones para emprendedores.

En el mundo de los emprendimientos y las ventas al público, hay elementos que parecen secundarios, pero que pueden marcar la diferencia entre atraer clientes o ahuyentarlos. Uno de ellos es la música de fondo. No estoy hablando de algo trivial; es un factor clave que influye en la experiencia del cliente, su comodidad y, en última instancia, en las ventas. Grandes marcas internacionales lo saben bien: muchas optan por géneros suaves como house o electrónica ligera, que crean un ambiente acogedor sin ser invasivos.

Pero, qué pasa cuando se elige mal? Permítanme compartir una experiencia personal que ilustra por qué la música en un comercio no es solo un detalle, sino una herramienta estratégica. Recuerdo un Supermercado muy conocido en mi país, uno de esos que forman parte de la rutina diaria de miles de personas. Desde que era niño, este lugar siempre tenía la misma música de fondo: esa típica «música de ascensor» o «música neutra». Era instrumental, sin voces, con melodías suaves y americanas que no fastidian a nadie.

No importaba si eras fan de la salsa, la electrónica, la clásica o el heavy metal; esa música era inofensiva, inclusiva. Servía para relajar al cliente, mantenerlo en la tienda más tiempo y, en definitiva, no ahuyentarlo. Era parte de la identidad del supermercado, algo que lo hacía familiar y cómodo para jóvenes, adultos y personas mayores por igual. Sin embargo, hace unos años, todo cambió. La gerencia decidió actualizar la música a un estilo más «moderno» o común, pero el resultado fue desastroso. Empezó a sonar algo más ruidoso, repetitivo y aturdidor. Personalmente, me molestaba tanto que reduje mis visitas; prefería ir a otros lugares donde pudiera comprar en paz.

Y no fui el único: muchos conocidos me comentaron lo mismo. «Ya no voy porque esa música me aturde», decían. El supermercado perdió esa esencia neutral que lo hacía accesible para todos. Sumado a otros factores, como precios o servicio, esta decisión contribuyó a una caída en la clientela. Es irónico: algo tan simple como la música puede erosionar la lealtad de los clientes.

Recuerdo que, en diciembre, este mismo Supermercado solía cambiar la música a temas festivos, lo cual era un acierto porque encajaba con la temporada y creaba un ambiente positivo. Hoy en día, lamentablemente, incluso en esas fechas, mantienen la música molesta. En contraste, hay otros supermercados que cometen errores peores: mezclan canciones de todo tipo con publicidades repetitivas que suenan en loop durante horas. He dejado de ir a varios por eso; se vuelven insoportables.

Imagínense escuchar la misma promoción de hace años, una y otra vez. Es como si no pensaran en el cliente. Esto no se limita a los supermercados. Piensen en Restaurantes, Shoppings o Pubs. En un Restaurante, repetir siempre la misma playlist cansa a los comensales y al personal. En un Pub, se puede variar más, pero siempre adaptado al ambiente. Tengo un recuerdo encantador de un parador (chiringuito como le dicen en España) en la playa, cerca de mi casa, en un balneario: siempre ponían reggae o música playera, suave y relajante.

Era perfecto; atraía a todos, nadie se fastidiaba. Ahora, imagínense en un parador en la playa con música triste o de «bajón», o incluso heavy metal a todo volumen. No tengo nada en contra de esos géneros —a mí me gusta toda la música, son solo gustos personales—, pero en un contexto como ese, ahuyentaría a muchos. Algunos se quedarían, pero otros huirían. El resultado: pérdidas en ventas.

La lección es clara: en un comercio, la música debe ser neutral y estratégica. Debe atraer al 100% de los clientes potenciales, sin molestar a rockeros, salseros, o cualquier otro. Opten por sonidos suaves, instrumentales, que no aturdan ni distraigan. Eviten repeticiones interminables o estilos polarizantes. Analicen su público: en un Supermercado, lo ideal es algo inclusivo; en un Pub o playa, algo temático pero no extremo.

Emprendedores, presten atención: la música no es solo ruido de fondo. Es parte de la identidad de su negocio, influye en el tiempo que los clientes pasan allí y en su disposición a comprar. Un cambio mal pensado puede costar caro, como en mi experiencia con ese Supermercado. En cambio, una elección acertada, fideliza y atrae.

Ojo con esto: en un mundo donde la competencia es feroz, detalles como estos marcan la diferencia. No subestimen el poder de una buena playlist!

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